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lunes, 30 de julio de 2012

La naturaleza del progreso - Angelo Burgazzi


Brahmá. Visnú. Shivá. Dios de la creación, Dios de la preservación y Dios de la destrucción. Con esta triada de dioses, los hindúes han construido una cultura donde la vida es la mayor fuente de la sabiduría.
Frecuentemente hablamos de progreso y de la importancia que tienen las empresas para lograrlo. ¿Pero le estamos dando importancia a su ciclo vital? En una Venezuela próspera necesitamos empresas como el Samán: grandes y resistentes, pero también son importantes los troncos que caen secos, dejando un gran aprendizaje para los que vienen. Y, por supuesto, también necesitamos la fuerza creadora del emprendimiento.
En la vida, solemos prestarle mucha atención a la creación. Es importante la siembra, porque sabemos que de ella depende nuestra provisión; también la llegada de un nuevo niño a casa nos llena de esperanza. Pero… ¿Qué tanto hacemos por la creación de nuevas las empresas que nuestro ecosistema tanto necesita?

Lo que aprendimos

Hasta hace unas décadas, parecía posible asegurar el bienestar enfocándonos en la preservación de los recursos, de la materia prima o de las patentes. Como pasó en buena parte del mundo, las empresas venezolanas aprendieron a tener cargos gerenciales, con la misión de mantener la productividad. Se favorecieron las políticas proteccionistas, aunque minaban nuestra competitividad. Paradójicamente, las empresas crearon reglas del juego para contratar proveedores, imposibles de sortear para un emprendedor, como una larga lista de clientes y años de experiencia.

Pero hoy, el mundo tiene puesta la mirada en la creación y las empresas grandes son las primeras en darle una calurosa bienvenida a la fuerza emprendedora de todo el mundo. Por solo nombrar un par de ejemplos: Aplee continúa creando alianzas con millones de pequeños socios que han cargado sus creaciones en su Aplee app store; mientras que el buscador de Google ha creado un poderoso modelo de negocio agregando valor a pequeños anunciantes.

Esta dinámica no sólo ha traído enormes ventajas de innovación para las empresas; sino que han contribuido al bienestar social, a través de nuevos puestos de trabajo. Veamos, por ejemplo, las estadísticas de los últimos 30 años en los Estados Unidos: casi la totalidad de los nuevos puestos de trabajo (unos 44 millones) surgieron en empresas con menos de 5 años de existencia, según el estudio Firm Formation and Economic Growth, de la Fundación Kauffman (www.kauffman.org).

¿Qué hemos aprendido entonces? Es imposible hablar de progreso sin comprometernos con el emprendimiento.

Aceleradoras fortalecen empresas nacientes

Los Estados, las empresas y ciudadanos conectados en red, han puesto sus ojos en un tipo de emprendimiento llamado Startup. A diferencia de otras iniciativas, un Startup es típicamente más escalable y desde el primer día está diseñado para conquistar mercados en otros países y culturas. Alguna vez fueron Startups marcas como Facebook, Twitter, Pinterest, Mercado Libre, Open English… que han creado decenas de miles de nuevos puestos de trabajo, mientras que algunos de ellos han transformado nuestra cultura.

El arte de la promoción de los startups es cada vez sofisticado. Crecer por doquier un tipo de organización llamada Aceleradora de Negocios; que evolucionó de las incubadoras de empresas y los parques tecnológicos que conocimos hasta hace poco. Típicamente en una aceleradora, existe una red de mentores e Inversionistas Ángeles; atraídos por sus grandes recompensas asociadas a la escalabilidad exponencial del startup.

En Venezuela conozco dos experiencias: Wayra, una red iberoamericana impulsada por una importante empresa de telecomunicaciones (http://wayra.org) y Accede (www.accede.net), creada por una comunidad de emprendedores venezolanos del mundo digital y que tengo el reto de liderar. En nombre de esta última, participé hace unas semanas en el Global Accelerator Meeting 2012.

Allí tuve el gusto de conversar aceleradoras para “todos los gustos” y continentes, entre ellas H-Farm (www.h-farmventures.com), que busca en sus iniciativas estética y tecnología de clase mundial; también la norteamericana Techstart ( www.techstars.com), que con una larga trayectoria tenía mucho por compartir; además conocí otras interesantes propuestas de Singapur, Israel y California. Latinoamérica también está en la movida, según mostraron sus representantes desde países como México, Brasil y Chile.

Un pie aquí y otro allá

De ese viaje llegué aún más seguro que los Startups serán importantes para el progreso de nuestro país. Mientras escribo este artículo, el equipo emprendedor de la red social Talaentia (ww.talaentia.com) se prepara para una aventura llamada Startup Chile, una iniciativa promovida por el Gobierno de Chile (www.startupchile.org). Esta es la cuarta generación del programa y somos los primeros venezolanos en lograrlo.

Fuimos escogidos por el potencial de crecimiento de nuestra idea en toda Iberoamérica, por nuestro interesante modelo de negocio y por el compromiso nuestro equipo. Junto a otros 250 emprendedores, de más de 25 países, participaremos en actividades para mejorar nuestro producto y nos acercarnos a inversionistas ángeles adecuados a nuestro propósito.

Desde allá, queremos construir una red de aliados y negocios, que lleven a Talaentia a un primer nivel de madurez. Con toda nuestra fuerza creadora, contribuiremos con el progreso de Venezuela, Chile y el mundo.

Deséanos suerte. 

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