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lunes, 3 de octubre de 2011

Adiós a los permisos ¡Que viva la Libertad!

El pasado miércoles 28 de septiembre, el Diario El Mundo Economía y Negocios, publicó el artículo “Adiós a los permisos ¡Que viva la Libertad!”, escrito por Angelo Burgazzi, fundador y director de Accede - Espacio de Emprendimiento y de la organización DBAccess. Dicha publicación, también fue posteada hoy lunes 03 de octubre en el portal Informe21.com.

Adiós a los permisos ¡Que viva la Libertad!

La era industrial nos acostumbró a “ir al trabajo”, lejos de nuestra otra vida, la “vida doméstica”. Las ciudades se convirtieron en albergues gigantes de trabajadores de la fábrica, y más recientemente, de la oficina. Formando pendulares olas migratorias cotidianas, el carro se convirtió en un medio común, con la promesa incumplida de dar velocidad a nuestros traslados de lunes a viernes. Traje y corbata para la oficina; short y franela para la casa. Aprendimos a trabajar de 8 a 12 y de 2 a 6; intentando vivir el resto del tiempo. Agobiados por el falso dilema de escoger entre “trabajar para vivir” o “vivir para trabajar”, opciones ambas que nos aproximan al trabajo como un mal necesario, como si esas acciones fueran cosas distintas, separables.

Y la vida se dividió en dos: “en” el trabajo y “fuera” de él. Así, comenzó a ser completamente normal entre nosotros tener propósitos diferentes –incluso contradictorios– entre la vida y el trabajo, entre lo que soñamos y lo que finalmente hacemos día a día.

En este contexto, la organización típica de la era industrial perfeccionó cada vez más sus métodos de control y supervisión. La remuneración se comenzó a calcular por horas o días trabajados. Surgieron las tarjetas que controlan la entrada y la salida. Y fue así como nuestras relaciones de trabajo se construyeron sobre el control y la sospecha. De pronto, “estar presente” y a “la hora” fue más importante que hacer las cosas bien, hacer las cosas mejor, hacer las cosas que son importantes para nosotros y para los demás. Dejamos de entender qué es lo que realmente hacemos en nuestro trabajo. El trabajo dejó de tener sentido. En la era industrial, muchos llegamos a sentirnos “presos” de nuestros trabajos.

En la calle puedes reconocer fácilmente esta emoción. En la kilométrica cola de las 7am y de las 6pm. En el rostro del cajero del banco los lunes. En las conversaciones de almuerzo en la feria de comida. En las ganas de salir corriendo a 5 para las 6.

Afortunadamente, tenemos una gran oportunidad frente a nosotros: ¡La Era Digital! Hoy, podemos tener una organización diferente, una organización de gente dueña de sí misma.

En mis emprendimientos, es común ver reuniones en las que tres personas están en la oficina mientras un par más se conecta desde su casa, ubicada en cualquier ciudad del mundo, llevando a cabo la práctica de teletrabajo, o de homeshoring como la llamamos nosotros. El equipo se ha hecho cargo de manejar sencillas herramientas que –como Skype, TeamViewer o Messenger– nos permiten conversar cuando hace falta, manteniéndonos coordinados.

Dijimos adiós a los permisos del jefe y a las reglas centralizadas en un departamento de recursos humanos. Favorecimos prácticas en las que los miembros del equipo se coordinan entre sí y establecen compromisos unos con los otros. En vez de producir informes de horas trabajadas, ponemos el foco en lograr los resultados acordados, en calidad y tiempo. Con propósitos claros, y declarando en equipo la importancia de la “Impecabilidad en los compromisos”, mantenemos vivo el estímulo a ser cabales en las entregas y a buscar siempre la excelencia.

A veces tenemos la necesidad de estar todos juntos en una misma sala, por ejemplo para el diseño de nuevas funcionalidades de un producto. A veces tenemos que ponernos saco y corbata y llegar a las 8 en punto a una oficina, por ejemplo al visitar a un cliente. Esto no contradice nuestra fundamental forma de trabajo, insertada en la Era Digital, basada en la coordinación y la confianza. Hay días en que nos despedimos temprano, mientras hay otros en que nos reímos de nuestras ojeras por el trasnocho del día anterior. Nuestros propósitos están claros, nuestro compromiso es explícito: ¡Estamos juntos en este emprendimiento!

Para lograr trabajar de esta forma, crear este clima y esta cultura organizacional, el camino ha sido mucho más complejo que simplemente dar “permiso” para trabajar desde casa. Nos hicimos preguntas difíciles y asumimos riesgos. Comparto con ustedes algunas ideas que han sido de mucha ayuda para nosotros…

Comienza entregando confianza: Es contradictorio pretender tener el equipo con la mejor gente, y a la vez supervisar todo lo que hacen. Funciona mejor entregar confianza en nuestras relaciones, desde el comienzo. Hemos visto que cuando hay confianza, las personas se reconocen como parte del equipo y hacen hasta lo imposible para que lleguemos más lejos, cualquiera sea el lugar desde donde trabajamos.

Declara el propósito que persigues: Cuando el equipo entiende el propósito que estamos buscando, y se identifica con él, no requiere de control y detalladas instrucciones para hacer bien las cosas. Las coordinaciones logran hacerse en red, entre los miembros del equipo.

Entiende la flexibilidad como un privilegio: Tener flexibilidad de horarios o de ubicación y que tus compañeros tengan confianza en ti, no es un derecho. Es un privilegio. Un privilegio que se gana siendo responsables cada día. Cada persona lo cuida, respetando sus compromisos y entregando lo esperado, o más.

Cuida la Libertad: Cuando funciona esa combinación, ese círculo virtuoso, entre la confianza y la responsabilidad, nace en la organización una preciosa cultura, una cultura inmersa en la Libertad, en la que cada persona es dueña de sí misma y suma con otros nuevos propósitos.

Al llegar a este punto, es importante tener conciencia de estos logros, de la Libertad conquistada, y cuidarla promoviendo a diario más oportunidades para la confianza y más pasión por los propósitos compartidos.

Twitter: @burgazzi
E-mail:
angelo@accede.net

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